Biblioteca de la Universidad de Zaragoza

Colecciones

La Colección Histórica de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza

 

Introducción

LA FORMACION de las colecciones bibliográficas de nuestras universidades "históricas" ha seguido, particularmente a lo largo de los siglos XVIII y XIX, una trayectoria que en líneas generales es común a todas ellas, y que supuso para la mayoría el comienzo del reconocimiento oficial de sus bibliotecas y el incremento más importante de sus fondos.

     En el siglo XVIII, en el marco de la preocupación por la cultura y la enseñanza impulsada por el espíritu de la Ilustración, las disposiciones legales de Carlos III planteaban por primera vez a nivel estatal la necesidad de que las universidades contasen con bibliotecas; y poco después les incorporaban los fondos procedentes de las librerías de los jesuitas expulsados.

En el siglo XIX el crecimiento de las colecciones bibliográficas universitarias se produjo por el ingreso de los fondos de los conventos suprimidos por la Desamortización, con los que adquirieron además la condición de bibliotecas provinciales. En los últimos años del siglo el reparto de la colección del Duque de Osuna entre las bibliotecas estatales les proporcionó otro aumento notable, no solo por la cantidad, sino por la calidad de las obras.

     Estas aportaciones supusieron la puesta en marcha de las bibliotecas universitarias, y constituyeron para muchas la parte más voluminosa de

sus fondos. Unidas a los libros que ya poseerían forman básicamente en la actualidad las colecciones "históricas" de las universidades, y son parte importantísima del patrimonio bibliográfico nacional.

     Evidentemente, el desarrollo del fondo histórico de nuestras universidades discurrió con frecuencia por cauces ajenos a la propia actividad académica; por lo que podría decirse que se trata de un conjunto o suma de colecciones, que en ocasiones se solapan y en otras dejan lagunas importantes sin cubrir, más que de una colección académica coherente y equilibrada.

     Existen ciertos rasgos comunes a todas que conviene tener presentes al abordar su estudio:

     - Son colecciones de investigación de carácter enciclopédico, de cobertura muy desigual, más amplia en el campo humanístico, con abundancia de obras de teología, filosofía, historia y una buena representación de autores clásicos, sin que falten obras de ciencias y medicina; pero en mucha menor cantidad.

     - Suelen tener como punto fuerte la bibliografía regional y local en el sentido más amplio: una fuerte presencia de autores regionales y locales, la historia y estudios regionales y locales como temática predominante, y una buena representación de la tipobibliografía local; por lo que constituyen un material de primer orden para los estudios en estos campos.

     - Constituyen un interesantísimo conjunto de obras que, al margen de su contenido informativo y científico, poseen individualmente un extraordinario valor como piezas del patrimonio histórico, cultural o artístico, que es preciso proteger, conservar y difundir.

     - La historia de estas colecciones es también en cierto modo la de nuestras bibliotecas universitarias, en buena parte común a todas, en las aportaciones ya reseñadas; pero en parte individualizada por la de la institución a la que cada una sirve y sobre la que proporcionan datos del mayor interés.

La Universidad de Zaragoza

     Para centrarnos ya en la colección de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, parece conveniente recordar, aunque sólo sea muy brevemente, el marco cronológico en el que nace la Universidad en la que, sin duda no muy tarde, se inscribiría la biblioteca, aunque no dispongamos de documentación que lo confirme.

     Jiménez Catalán y Sinués y Urbiola en su Historia de la Universidad de Zaragoza facilitan una serie de fechas clave en la organización de los estudios:

     - En Zaragoza funcionaba, ya al menos en 1335, un Estudio de Artes liberales que, junto con la Escuela catedralicia asumía la actividad docente en la ciudad. Se habla también de una universidad mudéjar en la Zaragoza de 1447.

     - En 1474, coincidiendo con la introducción de la imprenta en Zaragoza, el papa Sixto IV, en bula fechada a 13 de diciembre, autorizaba a la Escuela de Artes a impartir títulos de bachiller.

     - En 1476 el rey Juan II de Aragón ratificaba la bula papal y convertía la Escuela de Artes de Zaragoza en Estudio General, que al año siguiente elaboraba sus primeros estatutos. Este Estudio General constituye ya un claro precedente de la Universidad cesaraugustana.

El documento fundacional de la Universidad es un privilegio fechado el 10 de septiembre de 1542, otorgado por Carlos I cuando asistía a las Cortes de Monzón. Sin embargo, la falta de recursos retrasaría su puesta en funcionamiento hasta que la intervención del obispo Pedro Cerbuna logró los necesarios para que pudiera iniciar su actividad. Los cursos dieron comienzo el 24 de mayo de 1583, y es ésta la fecha que viene considerándose tradicionalmente como la de fundación de la Universidad.

La Biblioteca de la Universidad de Zaragoza

     Habrá de transcurrir más de siglo y medio hasta encontrar la primera noticia escrita sobre la existencia de biblioteca en la Universidad de Zaragoza, o al menos sobre ciertos libros de su propiedad accesibles a sus miembros. La proporcionan los Libros de Gestis, está fechada el 25 de octubre de 1742 y es un acuerdo del claustro estableciendo casi un reglamento: "El que quisiere usar los libros de la Escuela para los actos de Conclusiones y Academias debe dar dos reales de plata al Bedel por el trabajo de sacarlos, debiendo ser responsable de ellos si alguno o todos se perdieren.

     Aquellos "libros de la Escuela" con el paso del tiempo han llegado a ser un fondo bibliográfico de más de seiscientos mil volúmenes y unos once mil títulos de publicaciones periódicas en los que se inscribe la que consideramos colección histórica de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza.

Fuentes y bibliografía

     No existe, como en otras universidades, un estudio de conjunto de nuestra colección. Para éste hemos tratado de reunir una amplia serie de materiales dispersos que tratan el fondo antiguo universitario zaragozano, permiten seguir su formación y desarrollo y son instrumentos de acceso a él.

     Fuentes importantes y de primera mano son los Libros de Gestis, ya citados, que cubren el amplio periodo que va desde 1671 a 1858, aportando numerosísimos y minuciosos datos de la historia universitaria y de la Biblioteca, aunque con ciertas lagunas, porque la serie lamentablemente está incompleta.

     La documentación universitaria y la conservada en el archivo de la propia Biblioteca: informes varios, registro y archivo de correspondencia, el Libro de registro de la Biblioteca Universitaria desde 1856, inventarios diversos, índices, catálogos antiguos etc., contienen información de gran interés.

     Están además los catálogos actuales de la Biblioteca, los generales en fichas tradicionales, y algunos catálogos monográficos impresos, como el de manuscritos e incunables elaborado por el bibliotecario D. Eugenio Borao y publicado a finales del siglo XIX en el Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y el de Sinués en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos; otros de aparición más reciente y de carácter monográfico, describen parcialmente la colección, corno el de Obras del siglo XVI de Medicina y Ciencias, con 151 registros; los de las exposiciones organizadas por la Biblioteca General, como el del Tesoro Documental y Bibliográfico de la Universidad de Zaragoza', que recogía 336 piezas; el de la Inquisición, con 565 registros; el de Aragón y el Conde de Aranda, que contiene 272 obras del siglo XVIII; el de Fondos americanistas, que recoge 179 Piezas de los siglos XV a XVIII; y otros.

     Junto a ellos los catálogos colectivos que describen un mayor o menor número de piezas importantes de la colección: entre otros el General de Incunables', el Provisional del siglo XVI, el del proyecto BAMBA, o trabajos corno los de documentación aragonesa de Ibarra, Giménez Soler, del Arco, etc.; y repertorios como los de Beer, para manuscritos; Hain, Copinger, Gesamtkatalog , Haebler, Vindel, y demás clásicos para incunables; así como otros índices y bases de datos".

Por otra parte, al tratar la colección de la Biblioteca Universitaria aragonesa hay que tener presente que obras de la importancia de las Bibliotecas Antigua y Nueva de Latassa y su refundición por Gómez Uriel, así como la Bibliografía zaragozana del siglo XV y la Aragonesa del siglo XVI de Juan Manuel Sánchez, o las Bibliografías Aragonesas del siglo XVII y del siglo XVIII de Manuel Jiménez Catalán, y la del siglo XIX de Inocencio Ruiz Lasala, se refieren constantemente a la colección universitaria zaragozana y describen un importante número de las obras que la forman.

     Por su parte, algunas piezas de especial interés han sido objeto de ediciones facsímiles o estudios monográficos, como se verá más adelante.

Otras fuentes de información como el Lucidario de la Universidad y Estudio General de la ciudad de Zaragoza de Diego Fraylla, y artículos como los de Giménez Soler" y Burriel aportan también informaciones útiles para el conocimiento de la colección histórica. Son imprescindibles las historias de la Universidad, de Borao y muy especialmente la de Jiménez Catalán y Sinués, ya citada, que dedica un extensísimo capítulo a la Biblioteca y reproduce una serie de documentos de gran interés. Además no hay que olvidar la bibliografía de carácter más general sobre las universidades y las bibliotecas.

La formación de la colección

     Pocos años después de la primera mención del fondo bibliográfico universitario cesaraugustano, el 14 de marzo de 1760, ordenaba Carlos III el establecimiento de bibliotecas en las Universidades del Reino "por requerirlo así el esplendor y enseñanza". Disposiciones posteriores, como el Real Decreto de 27 de febrero de 1767 y la Pragmática de 2 de abril del mismo año que ordenaban la incautación de las temporalidades de la Compañía y la expulsión de los regulares, y la Real Provisión de 2 de mayo de 1772 por la que los libros contrarios al dogma, a la religión, buenas costumbres, regalías de su Magestad, etc. de los regulares expulsos de la Compañía se entregaban a las universidades, proporcionarían libros para aquellas bibliotecas.

     La incorporación de las "librerías" de la Compañía a las universidades suponía la apertura pública de sus bibliotecas y el acondicionamiento de unas instalaciones de las que muchas carecían hasta entonces, sin que se les hubiesen proporcionado los recursos necesarios para afrontar los gastos. Jiménez Catalán, siguiendo las noticias de los Libros de Gestis, relata cómo las dificultades de financiación retrasarían el cumplimiento de lo ordenado en la de Zaragoza, que en 1774 había gastado diez mil reales de vellón concedidos por su Majestad y más de trece mil de contribución de los catedráticos y prebendados, empleados en la obra para la colocación de las "librerías" y que en 1775 obtuvo del Consejo Real la concesión de los cuatro censales que eran dotación de las librerías incorporadas, para el sostenimiento de la Biblioteca.

El colegio de la Compañía de Zaragoza" fue destinado a Seminario sacerdotal, el actual Seminario de San Carlos, en el que habría quedado la mayor parte de su biblioteca, pasando pocas obras a la Universidad.

     Un índice de la Biblioteca, sin fecha, registra 1.861 "libros de los regulares" frente 1.746 de la biblioteca. En el mismo índice consta que el Atlas Geografía universal comunmente Blaviano, adornado o enriquecido con varios Mapas, diez tornos en folio máximo, año de edicion varia, en casa de Juan Blaeu; se advierte que la obra fue traida a la Biblioteca en tal estado de dilapidación que es de ver, porque faltan muchisimos mapas que al parecer fueron arrancados a mano al tiempo de la esclaustracíón de los monjes de Veruela

     Sin embargo, los libros de los jesuitas no resolverían los problemas de la biblioteca de la Universidad, cuyo claustro afirmaría años más tarde: "la librería de la extinguida Compañía se halla falta de muchísimas obras elementales las más precisas a la juventud, que convienen a un Estudio General, carece de muchísimas obras de derecho civil y canónico, medicina, de ciencias naturales, en las que tanto se ha adelantado después de la expulsión de los jesuitas".

     La preocupación por la escasez de recursos para el sostenimiento de la biblioteca fue constante en la Universidad. Intentaba resolverlo un extenso plan elaborado por el Dr. D. Vicente Lissa en 1795 para lograr el mejor funcionamiento de la Biblioteca, cuyo primer objetivo era lograr los recursos necesarios para sostenerla, mediante el aumento de la tasa de matrícula en cuatro reales de vellón por estudiante. El plan, que puede considerarse el punto de partida para una Biblioteca Universitaria organizada, permitió su apertura solemne en 179636, ya incorporadas las librerías de los Jesuitas, dispuestas en los estantes adecuados protegidos con redes metálicas, de cuyo coste y colocación informan puntualmente los Libros de Gestis.

     Tras la apertura de la Biblioteca, con unas rentas fijas y los donativos recibidos, el fondo bibliográfico fue aumentando. Las donaciones y legados de particulares empezaron pronto, y a lo largo de la historia de la Biblioteca fueron importantes en número y calidad.

La primera de la que queda constancia en los Libros de Gestis es la del Salustio de Ibarra donada por el Infante D. Gabriel, autor de la traducción y de cuya recepción se da cuenta al Claustro el 6 de febrero de 1775. El mismo año, el claustro del 7 de junio agradece al Dr. D. José Amar el envío de su obra Instrucción curativa de las calenturas conocidas vulgarmente con el nombre de tabardillo.

     En la reunión de claustro de 14 de noviembre de 1796 se dio cuenta de los donativos hechos a la Biblioteca, haciéndose constar en el acta conservada en los Libros de Gestis el agradecimiento de la Universidad y los nombres de los donantes: D. Baltasar Voldo, Conde de Sástago; D. Severo Aguirre; D. José Elizondo; D. Ignacio Muñoz; D. Alejandro Ortiz; D. Vicente Lissa; D. Manuel Berné; D. Pedro Tomás; D. Cirilo de Tubo; D. Juán Baranchán; D. Lorenzo Flez; D. Tadeo Lasarte; D. Faustino de Acha; D. Joaquín Otal; D. José María Puig; D. Tomás López, D. Francisco Amar y el Colegio de Médicos.

 

     El propio claustro destaca la importancia del donativo del ex Rector y primer "Protector" de la Biblioteca, D. Faustino Acha y de Escartín, canónigo y catedrático jubilado de prima de cánones, que había donado ochocientos volúmenes a la Biblioteca. Podemos afirmar que su donativo no sólo fue importante en número sino también en calidad, y que entre aquellas obras había manuscritos, incunables y obras raras, que con su etiqueta de donación se conservan actualmente en la Biblioteca.

D. Alejandro Ortiz en su testamento había legado a la Biblioteca 458 volúmenes de medicina, el Conde de Sástago la Descripción de los Canales Imperial de Aragón y Real de Tauste, publicada en Zaragoza por Francisco Magallón, uno de los libros más bellamente editados del siglo XVIII. Las donaciones del catedrático D. Manuel Berné y Cebrián continuarán en el siglo siguiente junto con las de sus hermanos el abogado D. Pedro, y Dña. Rosa y constituirán uno de los legados más importantes en número y calidad.

     Sin embargo, pese al interés de la Universidad que parece desprenderse de las noticias de los Libros de Gestis, las limitaciones de recursos y de espacio debieron condicionar el desarrollo de la colección y dieron lugar a la venta de duplicados, práctica por otra parte habitual en las bibliotecas universitarias en esta época, e incluso a una rifa.

     La polémica venta se llevó a cabo en 1781, tras la propuesta llevada al Claustro por el Rector el año anterior, apoyada en los informes que describían la situación deplorable del depósito en el que se guardaban, y pese a la enérgica protesta de algún catedrático. El lote de obras duplicadas de la Biblioteca fue adjudicado al librero Josef Monge en ciento cuarenta libras; ochenta y una libras jaquesas y seis sueldos fueron pagados en metálico y las restantes fueron el importe de "la obra de San Isidoro en filio dos tomos en pasta de impresión de Madrid, la obra de Antonio Agustín en folio ocho tomos a la paduana impresión de Luca, el Diccionario de la lengua castellana en folio un tomo en pasta impresión de Madrid, el Gallemart in Concilium Tridentinum en folio un tomo a la paduana impresión de Madrid". El documento, pues, nos ilustra sobre la fecha y procedencia de estas obras que hoy conservamos, como la lista de duplicados vendidos conservada en los Libros de Gestis nos informa sobre el fondo bibliográfico en aquel momento.

La rifa de otros cuatro mil duplicados tasados en 18.000 reales, que Royo Barandiarán relata jocosamente, tendría lugar, al parecer sin mucho éxito, en 1797.

La Biblioteca Universitaria de Zaragoza contaba con unos 7.000 a 8.000 volúmenes, ya sin duplicados, al iniciarse el siglo XIX; cuando durante el segundo sitio de la ciudad, el 4 de agosto de 1809, quedó completamente destruida, salvándose poco más de cincuenta.

Desde 1814 la Universidad y los ciudadanos trataron de reconstruir la Biblioteca Universitaria y contaron con la eficaz colaboración del Diario de Zaragoza para reclamar los libros en una campaña de prensa.

Sin embargo lo que realmente aumentó la colección universitaria, no sólo la de Zaragoza, sino las de todo el país, como había ocurrido con la expulsión de los jesuitas, fue la Desamortización.

Una Reseña histórica de 1873, manuscrita, conservada en el archivo de la Biblioteca resume la evolución de la colección hasta esa fecha: "La Biblioteca Universitaria y Provincial de Zaragoza, rica en lo antiguo y compuesta principalmente de las obras que habían pertenecido a Don Ramón de Pignatelli y de la riquísima librería de los PR Jesuitas, pereció con sus ocho salones en el segundo de los sitios que sufrió la ciudad a principios del siglo actual. Tratóse de reorganizar la Biblioteca en el año 1814, agregando a los pocos libros que se salvaron entre las ruinas los que Fernando VII de los expolios, y los que pudieron adquirirse con la subvención de cuatro reales impuesta en cada matrícula; pero a pesar de esos esfuerzos poco se logró. Fueron necesarias las donaciones del obispo de Palencia D. Juan Francisco Martínez, del Doctor D. Vicente Lisa, del Doctor Don Juan Sánchez Muñoz, de D. Pedro y D. Manuel Berné, y sobre todo la incorporación de los libros de conventos ordenada en 1838 y verificada en agosto de 1846, para que contase 12.050 volúmenes en 1853, que han ascendido a 28.884 y 229 de manuscritos, que tiene este establecimiento”.

     Efectivamente, la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, como otras, adquirió por la Desamortización la condición de Biblioteca Universitaria y Provincial y recibió 8.920 libros procedentes de los conventos de San Agustín, de Jesús, de San Juan de los Panetes, de S. Lázaro de la Merced de Zaragoza; de los Capuchinos de Ateca, del Monasterio de Piedra, del Convento de San Francisco de Borja, etc. De la biblioteca del colegio de San Ildefonso, en la que el siglo anterior se había inspirado el plan de funcionamiento de la Universitaria recibió 3.240 volúmenes. Los ex libris, sellos, notas, etc., informan sobre su procedencia.

Por esta época la Universidad aspiró también, aunque sin éxito, a la magnífica biblioteca legada a la ciudad de Zaragoza por el aragonés D. Manuel de Roda y Arrieta, ministro de Carlos III, instalada en el Real Seminario de San Carlos.

Los legados de particulares continuaron en el siglo XIX, y algunos aportaron a la colección obras precisamente de los campos científicos en los que se encontraba más desabastecida. En 1837 se ejecuta el testamento de los Hermanos Berné y Cebrián y a sus donaciones del siglo anterior se unieron otras como la edición de Diocles de Carista, París, 1573; las de Mizauld De Sena y De hortorum cultu, París, 1574. También D. Vicente Lissa continuó sus donaciones, en 1831 regaló a la Biblioteca

De re aedifcatoría líbri decem, de Leone Batista Alberti, Estrasburgo, 1541 y la Medicamentorurn opus de Nicolaus Myrepsus, Lyon, 1549. Fue otro de los más importantes el de D. Juan Francisco Martínez, Obispo de Palencia y catedrático que donó en 1828, entre otras obras, los manuscritos 205, 253, 259, y los raros impresos científicos Astrolabium planum de Johannes Angelus, Venecia, 1502; las Tabulae astronomicae de Alfonso de Córdoba, Venecia, 1503; el Speculum astronomicum de Federicus Chrisogonus Jadertinus, Venecia, 1507; los Comentarios a Galeno por Francisco de Valeriola, Lyon, 1540; los Comentarios a la Esfera de Sacrobosco, por Francesco Giuntini; De Morbis mulieríbus, de Albertino Bottoni, Venecia, 1588.

La última aportación estatal de fondos "históricos" a las bibliotecas universitarias fue la de la biblioteca del Duque de Osuna, adquirida por el Ministerio de Fomento y distribuida entre las bibliotecas del reino por ley de 14 de agosto de 1884.

A la Universitaria de Zaragoza le correspondieron 1.141 obras, cuyos autores y títulos recoge un inventario fechado a 31 de octubre de 1892. Entre ellas se encuentran piezas tan importantes como la edición incunable de Las siete Partidas de Alfonso X el Sabio, con las adiciones de Afonso Díaz de Montalvo, Sevilla, 1491, la magnífica edición bilingüe de Dioscórides, Frankfurt, 1598; la rara Historia de la Nueva España de Hernán Cortés, impresa en Méjico en 1770 con interesantes grabados y mapas. Todos fácilmente reconocibles por sus magníficas encuadernaciones, generalmente en pasta española con sello de la biblioteca del Duque en hierros dorados en la tapa.

Las incorporaciones más recientes, por compra, a la colección histórica, las constituyen en el grupo de los manuscritos, los 26 volúmenes de los Años Políticos e Históricos de Faustino Casamayor, el interesantísimo grupo pinatense; y en el de los impresos una edición de Gracián y un lote de obras que ya habían pertenecido a la Biblioteca y se habían perdido al derrumbarse la capilla gótica de Cerbuna. Por donación los legados de Jerónimo Borao, Braulio Foz y García Arista.

La instalación

     La colección histórica de la Universidad de Zaragoza se conserva en la Biblioteca General situada en el edificio "Paraninfo", nombre actual del que fuera construido hace poco más de un siglo para las Facultades de Medicina y Ciencias por el arquitecto Ricardo Magdalena.

     Es un hermoso edificio de estilo aragonés, en ladrillo, situado en el centro de la ciudad, fuera del campus, pero no alejado de él, en el que la Biblioteca ocupa las instalaciones de la que había sido biblioteca de la Facultad de Medicina. Su instalación en el ala izquierda de la planta calle y semisótano se realizó en 1983 tras la restauración de una parte del edificio con ocasión del IV centenario de la Universidad.

     La Biblioteca desde su nacimiento, salvo durante su instalación provisional en el Colegio de los Trinitarios tras su destrucción en los Sitios, había ocupado diferentes espacios en el edificio fundacional de la Universidad, y por último la capilla gótica, hasta su derrumbamiento en 1973. En 1956 la práctica totalidad de la colección había sido trasladada a los locales cedidos por la Facultad de Filosofía y Letras en su edificio de la Ciudad Universitaria en una instalación "provisional" que duraría casi treinta años, hasta pasar en 1983 a su ubicación actual.

Piezas más importantes

     Realmente la colección histórica de la Universidad de Zaragoza es lo que sobrevivió al paso del tiempo, a la destrucción casi total que sufrió durante los Sitios de la ciudad, a sucesivos traslados e instalaciones provisiones, a las varias ventas, rifas, canjes y otras vicisitudes que afectaron no sólo a la colección sino también a una buena parte de la documentación que podría habernos proporcionado información sobre ella.

Forman nuestra colección histórica cuatrocientos dieciséis manuscritos, cuatrocientos seis incunables, un extenso fondo de los siglos XVI a XVIII y ciertas piezas del siglo XIX, entre los que se cuentan algunos materiales especiales, mapas, grabados, dibujos, etc.

     Como colección de fondo antiguo es la más extensa e importante de la Comunidad Autónoma; y es también la que posee el fondo más nutrido de bibliografía aragonesa en el sentido más amplio al que antes nos hemos referido: el conjunto más importante de obras sobre Aragón, de autor aragonés o producidas en Aragón, lo que hace que constituya un centro de investigación de primer orden.

     Es además un conjunto que contiene piezas de gran interés, algunas de carácter único y valor excepcional, de las que reseñaremos las más importantes, en particular aquellas que la Biblioteca posee con carácter exclusivo, es decir las piezas únicas, en primer lugar los manuscritos, por su propia naturaleza únicos, y junto a ellos algunos ejemplares incunables o de suma rareza.

 

 

     La colección de manuscritos está formada, como dijimos antes, por cuatrocientas dieciséis piezas cuyas fechas van del siglo X al XIX. En cuanto a su temática, los hay de carácter histórico, literario, jurídico, religioso, filosófico, etc.

Entre los de carácter histórico está el interesantísimo fondo pinatense.

     Este grupo de incorporación relativamente reciente, es precisamente el fondo más antiguo de la colección histórica cesaraugustana. Se trata de un lote de manuscritos procedentes del monasterio de San Juan de la Peña, adquiridos por la Facultad de Derecho en 1913 a las monjas benedictinas de Jaca por 500 pesetas, tras las gestiones llevadas a cabo por el obispo de Jaca Padre Valdés y los catedráticos de la Universidad de Zaragoza Eduardo Ibarra, Juan Moneva y Joaquín Giménez Soler, rector en aquel momento, que junto con el también catedrático Serrano Sanz, hizo la tasación.

Algunos de estos códices, conocidos de antiguo, se consideraron algún tiempo perdidos hasta su adquisición por la Universidad. Forman el lote los restos de un Antifonario mozárabe (s. X-XI), el Libro gótico o cartulario de San Juan de la Peña (s. X1-XV), el Cartulario carolino de San Juan de la Peña (s. XII), el Libro de los Santos Voto y Félix (s. XII), el Cartulario de Privilegios Pontificios (s. XIII) , el Lumen Domus Rotae y el Liber Privilegiorum (s. XVI-XVII).

     Es un conjunto que además de su importancia como fuente documental presenta un notable interés paleográfico para el estudio de la escritura medieval aragonesa.

     El Antifonario mozárabe(Ms. 418): consta de sólo cuatro hojas dobles o bifolios en pergamino, conservados como forro o cubierta de otro manuscrito posterior, incluido también en el lote, la Historia de los santos Voto y Félix.

     Contiene los textos litúrgicos y notación musical de los oficios y misas de las festividades que se celebran desde fines de enero a principios de marzo.

El Antifonario original, según los cálculos de Don Louis Brou debió de ser un excelente códice de trescientos folios. Habría caído en desuso al cambiar la liturgia en S. Juan de la Peña (1071) e ir sufriendo pérdidas sucesivas de sus hojas. Las hojas conservadas están recortadas y llevan alrededor unos cortes por los que pasaba la cinta o correílla que las sujetaba.

     En las mayúsculas iniciales de los párrafos alternan los colores rojo y azul y las capitales ornamentales se componen de lacerías de influencia irlandesa de factura muy cuidada en tonos amarillos; color predominante también en las vestiduras de San Celedonio, representado en una miniatura al verso del folio 7, que iría acompañado de San Emeterio, desaparecido al ser recortada la hoja para adaptarla a su utilización como cubierta.

     La letra es un ejemplo típico de escritura visigótica de la segunda mitad del siglo X. Fue estudiado por el benedictino Louis Brou en 1952, y en 1986 la Institución Fernando el Católico publicó una edición facsímil que incluye, además del estudio ya citado, otros de carácter codicológico, paleográfico y musicológico realizados por Ángel Canellas, M. Randel e Ismael Fernández de la Cuesta.

     Con ocasión de esta edición se llevó a cabo la restauración de la pieza en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

 

El Libro gótico o cartulario de San Juan de la Peña (Ms. 417), según el título que figura en letra del siglo XVI en la cabecera del folio 2 "Initium hujus libri gotici" o Cartulario Visigótico, según Canellas, está formado por una serie de cuadernillos procedentes de cartularios independientes de los siglos XI al XV y documentos intercalados con un total de 129 folios, de ellos 125 escritos y blancos los dos primeros y los dos últimos, en pergamino más cuatro de tamaño mucho menor y tres documentos intercalados (falta un folio entre los números 117 y 118 para completar el cuadernillo y el texto del documento final del 117 v.).

Lo componen:

I. El Cartulario visigótico matriz con ciertas adiciones. 96 folios en letra visigótica y carolina, que copia documentos fechados a partir del año 905.

II. El Cartulario carolino compuesto por dos cuaterniones en carolina caligráfica con algunos añadidos, conteniendo diecisiete documentos de los años 959 a 1095.

III. Dos cuadernillos independientes, un ternión incompleto en escritura visigótica de influencia carolina, más una hoja doblada en letra visigótica. Y al final del códice un cuaternión copiado en el siglo XV en letra gótica aragonesa y conteniendo un documento referente a la restauración de la Abadía de Luna y otro que relata la historia del monasterio de S. Pedro de Taberna.

IV. Las cartas de Luna y Taberna del siglo XV.

V. Tres documentos sueltos intercalados: dos hojitas que dan noticia de varios censos en escritura visigótica muy cuidada, la más antigua de todo el códice. Otros dos documentos en letra carolina, uno entre los folios 35 y 36 y otro entre los folios 66 y 69.

El códice fue descrito por La Ripa y utilizado por los historiadores de Aragón Briz Martínez, Traggia, Moret, Llovet. Durante algún tiempo se consideró perdido hasta su adquisición por la Universidad. En la Biblioteca Universitaria fue estudiado por los profesores Usón en 1935 y Canellas en 1975, cuyos trabajos incluyen los índices de los documentos que contiene. En la biblioteca de la Real Academia de la Historia se conserva una copia realizada por Abbad y Lasierra.

     Aparte de su indudable importancia como fuente histórica, su interés paleográfico es grande para el estudio de la escritura visigótica aragonesa.

     El Libro de los Santos Voto y Félix (Ms. 420), estaba forrado por las cuatro hojas del Antifonario mozárabe ya descritas, que en la parte externa llevan, en letra moderna, el título: "Libro de San Voto. Contiene la historia de los Santos Voto y Félix confesores. Su autor Machario monje de Sn. Juan de la Peña y a continuación los diferentes privilegios y donaciones. Cax 16 lig 1º."

     Comprende cuatro cuadernillos con 23 folios en pergamino que contienen bulas, documentos reales, episcopales, etc., relativos a S. Juan de la Peña. Fueron publicados por Magallón, Salarrullana, Ibarra, Kehr; y el códice descrito por Ubieto.

Liber privilegiorum 423/1 y 423/2, (Ms. 423/1-2) consta de dos volúmenes en papel que contienen una recopilación de privilegios y donaciones realizada en el siglo XV-XVI por orden del abad Fenerol.

     El Lumen Domus Rotae o Historia y Lucero de Rueda (Ms. 422) es el Carturlario de este monasterio cisterciense del que otra copia con el mismo título se conserva en el Archivo Histórico Nacional.

    El Cartulario de Privilegios Pontificios (Ms. 421) del siglo ) XIII con siete folios en pergamino.

     En este grupo de temática histórica siguen en antigüedad a los primeros del fondo pinatense, en orden cronológico:

     El Códice Villarense, o Cronicón Villarense para Serrano y Sanz (Ms. 225), por haber pertenecido al notable jurisconsulto aragonés D. Miguel Martínez del Villar, Regente del Consejo Supremo de Aragón en 1617, que por su parte le dio el título de Libro de las antigüedades de España y de los reyes della, que figura con su ex libris, manuscrito en la primera hoja de guarda.

     Está formado por una colección facticia de textos con ochenta y cuatro folios en total, en vitela y papel de varios tamaños, copiados en los dos primeros tercios del siglo XIII y con encuadernación del siglo XVII; que contienen, entre otras cosas, dos cartas de Jaime II, una colección de fueros navarro-aragoneses, el primitivo fuero de Zaragoza, textos de derecho canónico, un compendio de historia universal, un tratado de retórica.

Entre los folios 2,6 y. y 3 V. se encuentra la versión más antigua del Liber regum datada por el propio texto entre 1191 y 1223.

     Constituye una fuente histórica importante. Fue utilizado en el Nobiliario del Conde Pedro de Barcelos también en la BUZ y muy apreciado por los historiadores de Portugal, ya que prueba la legitimidad de Dña. Teresa hija de Alfonso VI desposada con Raimundo de Borgoña. Procede del archivo de la iglesia del Sepulcro de Calatayud donde lo vio Traggia. Fue estudiado por Cooper y por Serrano Sanz en 1919.

     La Estoria de D. Avaro de Luna (Ms. 24, olim 150), según título del tejuelo, es un manuscrito en papel, en letra muy cuidada de la segunda mitad del siglo XV, que lleva ex libris de D. Ramón de Santocildes. Contiene la crónica de D. Álvaro publicada en el siglo XVIII por José Miguel Flores que opina que fue empezada entre 1453 y 1460 y publicada en Milán en 1546.

El Nobiliario de D. Pedro de Portugal (Ms. 98, olim 172), manuscrito del siglo XVI con 134 folios en papel. Aparte de su interés por los datos históricos y de genealogías, ofrece el de llevar al comienzo dos hojas de anotaciones autógrafas del cronista de Aragón, Jerónimo Zurita, a quien perteneció.

Fue publicado por Lavaña, en 1640, Faria y Sousa en 1646 con modificaciones en el texto, y por Alejandro Herculano en Monurnenta Portugalia Historica, Lisboa, 1860.

La Descripción de toda la tierra del Peru, Tucumán, Río de la Plata y Chile, de Fray Reginaldo de Lizarraga, Obispo de Paraguay (+1613/1615) (Ms. 377), es una copia de 1735 que fue utilizada por Serrano Sanz en 1909 para la edición de los Cronistas de Indias en el tomo XV de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles`. Otra copia que guarda la Biblioteca Nacional, fue utilizada para la edición de Lima, 1908.

     Entre los manuscritos de carácter literario ocupa el primer lugar por su importancia el Cancionero Catalán o lemosín, o provenzal (Ms. 210), que es un códice de 319 folios en papel de 269 x 207 mm., con amplios márgenes e iniciales en azul, rojo y malva, sin ninguna indicación cronológica, pero datado por la letra y por la filigrana del papel, en la segunda mitad del siglo XV. Al ser encuadernado en el siglo XIX en pasta española, lamentablemente se le cortaron algunos nombres y textos. El estado de conservación es bueno, aunque faltan de antiguo las cuatro primeras hojas y siete más en el interior.

     Es obra fundamental para el estudio de la lírica trovadoresca peninsular, ya que recoge una nutrida antología de treinta y tres poetas diversos entre ellos Ausias March, de cuya obra contienen una de las más antiguas versiones sus 86 primeros folios.

Fue conocido por Fusteros, Ximenos, Latassa, y descrito por Gayangos, Salvá, Amador de los Ríos, Víctor Balaguer, Ticknor, Bissulh, Dutton. En 1896 fue estudiado y publicado por el profesor zaragozano Mariano Baselga, incluyendo el índice de los poetas que contiene; y en 1912 por el Institut d'Estudis Catalans. Actualmente la Universidad de Barcelona prepara una edición en microficha.

Los Ms. 162 y 163 contienen el único ejemplar que se conserva deDon Clarisel de las Flores Ms. 162 y 163, el extenso libro de caballerías compuesto por D. Gerónimo Jiménez de Urrea y todavía inédito.

     Son dos tomos en folio en letra del siglo XVI con correcciones bien hechas y de la misma mano. Pertenecieron al cronista Francisco Jiménez de Urrea. Lo estudió Borao y lo citan elogiosamente Latassa, Juan Francisco Andrés de Uztárroz. Gayangos en sus notas a Ticknor, dice haberlo visto en la Biblioteca Universitaria en 1850 y lo cree autógrafo.

Se desconoce el origen del Cancionero Catalán y su trayectoria hasta la biblioteca del canónigo Turmo, a quien pertenecieron, primero, y hasta nuestra Biblioteca Universitaria después. En cuanto a D. Clarisel, Latassa da noticia de la existencia de la obra en tres tomos en la biblioteca del canónigo Turmo, de los que dos, segundo y tercero, son sin duda los de la Biblioteca Universitaria.

El Ms. 371 (olim iz), cuyo lomo reza: "Tornamira/Asumptos/Varios es según Alvar, que lo estudió y lo publicó en parte en 1942, autógrafo de Tornamira. Lleva en cabecera la fecha de 1606 y al final, al verso de la última hoja, el nombre "Juan de Tornamira y Sotto" rubricado, tras una jaculatoria.

Consta de 306 folios más cinco hojas al principio sin numerar, en 4°, que contienen la "Tabula ex documentis". Los textos en prosa y en verso son de lo más variado: de carácter religioso, satírico, traducciones, el inventario de los libros que Tornamira poseía en 1530, relatos de su vida familiar, en ocasiones acompañados de numerosísimas notas. Fue descrito minuciosamente por Latassa que elaboró un detallado índice del contenido. Procede de la biblioteca del canónigo Turmo.

En el mismo grupo de manuscritos literarios, el Cancionero de 1628 (Ms 247, Ms 248 y Ms 249) (olim 250-252,) y otros fueron estudiados por Blecua; La sirena métrica (Ms. 348), colección de poesías del siglo XVIII, por M.ª Teresa Cacho, etc.

     Un grupo de gran interés y muy estudiado es el de los códices de carácter jurídico, en el que se encuentra una amplísima representación de Fueros y Observancias que son fuentes de primer orden para el estudio del derecho aragonés. En él habría que incluir también algunos de los documentos pinatenses y el Códice Viltarense.

     Al menos una treintena de piezas de este grupo procede de la biblioteca del ilustrado D. Tomás Fermín de Lezaún y Tornos. Predominan los de carácter histórico y jurídico, junto a algunas colecciones de poesía, adquiridos, copiados, traducidos o escritos por él y en algunos casos inéditos. Algunos fueron vistos y reseñados por Latassa antes de pertenecer a Lezaún.

     Entre los de carácter jurídico son de gran interés el códice Ms. 7, restaurado hace unos años, que contiene los Fueros de Aragón hasta 1265 en versión romanceada, en letra gótica aragonesa del siglo XV, que van precedidos por el Ordo judíciorum advocatorurn et notariorurn de Egidio de Fuscaris y otros textos jurídicos del siglo XIV, estudiados y publicados por Lacruz Berdejo y Bergua Camón. Las Glosae Observantiarum Regni Aragonum (Ms. 95) de Juan Antich de Bagés, en una copia del siglo XVI; y de las que otra copia , con letras de los siglos XVI a XVIII, procede del legado de D. Vicente Lisa (Ms. 91). Bajo el título Privilegios generales y de la Unión (Ms. 147), figuran los Capitoles del privilegio de la çiudad de Çaragoça, los de Huesca, Jaca, Barbastro, Alcañiz y Naval, en letra del siglo XV, con capitales en azul y rojo. El tomo III del Repertorium Fororum de Martín Batista de Lanuza (Ms. 209) es tal vez autógrafo.

     Lezaún como buen coleccionista adquiría todo lo que podía encontrar, y en algunos de sus libros deja notas sobre su procedencia: en la Crónica Antigua de los Reyes de Navarra escrita por el licenciado Mosen Diego Ramírez Avalos de la Piscina (Ms. 152) anota “me lo remitió desde Tudela con fecha de 17 de febrero antecedente Juan Antº Fernández librero de aquella ciudad, sugeto cuya aplicación e inteligencia en especial en papeles antiguos admira en su poca edad. Está incompleto. Zaragoza 11 de marzo de 1771. Thomas Fermin de Lezaun (rubricado)", o "Comprado en la Feria de S. Fermín de Pamplona en 1770”, en la hoja de guarda de Discursos políticos (Ms. 282).

En algunas ocasiones copia él mismo los textos que le interesan, como en el caso de la Suma abreviada de crónicas de Navarra cuyo autor se cree D. Sancho de Albear (Ms. 356) copiada por Lezaún en 1772 de la copia sacada de un manuscrito de S. Juan de la Peña por Abad y Lasierra en 1771; que también le prestó el original de Reyes de Sobrarbe defendidos y origen del Justicia y Supremo Consejo de Aragón , de Lupián y Zapata (Ms. 291) , o los Privilegia Nobilitatis (Ms. 4), que declara haber copiado en 1771. Las copias suelen ir acompañadas de sus propios comentarios y de nuevos índices corno el Sumario y resumario de las Cortes celebradas en Aragón por Jerónimo Blancas cronista del mismo Reyno año de 1581 (Ms. 97), en el que a la copia de Blancas añade relaciones de las personas que habían desempeñado los distintos oficios.

     A las Cortes se refiere también el Libro del modo de proceder en las Cortes de Aragón , de Jerónimo Blancas, siglo XVI (Ms. 160), publicado con notas por Juan Francisco Andrés de Uztárroz en 1641.

Otros códices jurídicos importantes de procedencia desconocida son:

     - las Observantiae Regni Aragonum ordenadas por Jaime de Hospital (Ms. 11) que están fechadas por el notario bilbilitano Pascasio Pérez de Almazán: "die veneris intitulata secunda mensis julii, anno a nativitate Domini millesimo quadringentesimo vicesimo tercio per Pascasium Petri de Almaçano Notariurn habitatorem Calataiub". Lleva una nota autógrafa de Baltasar Andrés de Uztárroz advirtiendo que la recopilación empezó en 1361, que las más son de Ximen Pérez de Salanova y que los títulos fueron dados por Hospital.

     - los Fon et Observantiae Regni Aragonum (Ms. 18), que viene a ser un tratado de jurisprudencia aragonesa en pergamino y papel, en letra del siglo XV y capitales en rojo, cuyo autor permanece desconocido al faltar las primeras y últimas hojas.

     - la Compilatio fororum Regni Aragonum (Ms. 5), del siglo XV1I, que está atribuida en el folio 1130 y en el lomo a Michaele Laurentio de Lobera.

- el Ceremonial y breve relación de todos los cargos y cosas ordinarias de la Diputación del Reino de Aragón hecho el año de mil seyscientos y once por Lorenzo Ibáñez de Aoiz (Ms. 199), en dos letras diferentes de los siglos XVII y XVIII, citado por Latassa.

De la colección de Lezaún proceden todavía otros interesantes manuscritos como las Genealogías de las casas ilustres de Aragón (Ms. 159), Origen y armas de varios nobles de España (Ms. 198); otros de Poesías, 387 a 390, de algunas de las cuales es autor el propio Lezaún, que lo es también de la traducción de Nepote con el título de Historia de los generales de Grecia (Ms. 155); y otros de carácter misceláneo.

     En el apartado de genealogía y herádica ofrecen interés, además de los de Lezaún, el Noviliario del Reino de Aragón de Pedro Vitales , del siglo XVIII (Ms. 102), que perteneció al vecino de Zaragoza D. Angel Sangrós y Górriz; el manuscrito 198: Origen y armas de varios nobles de España de fines del siglo XVI, de 195 folios en papel, muy bien conservado estudiado y publicado en edición facsímil por un grupo de profesores de la Universidad en 1983.

     Mención aparte merece la Descrpçaô do Ceilaô, de Constantino Saa de Miranda, que es un curioso manuscrito del siglo XVII en papel muy encolado con láminas y planos iluminados en oro y colores y con encuadernación en piel con medallones de gusto manuelino representando bustos de reyes y de guerreros.

     En esta enumeración no hay que olvidar que buen numero de manuscritos procede de conventos suprimidos, y ello explica la temática de gran parte de la colección: Por una parte la historia de las órdenes religiosas y de los propios conventos, como la Historia del convento de Predicadores de Zaragoza, o más bien documentación para hacerla, de Fray Tomás Domingo (Ms. 30, 31 y 32 ) en letra del siglo XVIII; la Historia del convento de Predicadores y sus capillas de Nuestra Señora y del Milagro de Fray Pedro Julis; las Actas de los Capítulos de la Orden de Predicadores de la Provincia de Aragón, en dos volúmenes ( Ms. 55, 185), las Relaciones ajustadas con historias, tradiciones y escrituras fidedígnas que tratan del Convento de Predícadores de Zaragoza , escritas en 1639 por Fray Raymundo Sáenz (Ms. 1) y el resumen que bajo el título de Lumen Domus (Ms. 190) hizo de ellas en 1713 Fray Joseph Lamana, continuado por Fray Manuel Gallinero completándola con otras noticias; el Diario de lo acontecido en el convento de Santo Domingo de Zaragoza (Ms. 33 y 34 ). Del Monasterio de Piedra se conserva un manuscrito con su historia, del Carmen de Calatayud el catálogo de la biblioteca en un manuscrito encuadernado con una edición incunable de Casus Longí esuper quinque libros Decretalium de Bernardus Parmensis.

Por otra parte obras relativas a la vida monacal, corno la Regula Beati Benedicti abbatis (Ms. 193) en vitela, con letra del siglo XV y con orla e inicial ornamental aunque de factura tosca, y encuadernación de piel sobre tabla adornada con hierros.

Pone fin al capítulo de manuscritos la extensa obra Años políticos e históricos de las cosas particulares ocurridas en Zaragoza comprada en 1834 por la Universidad a su autor D. Faustino Casamayor. Es un curioso diario manuscrito, y tal vez autógrafo, que relata minuciosamente la historia de Zaragoza entre 1782 y 1832.

Comprende 3 tomos en 26 volúmenes en letra muy clara. Según informa el bibliotecario D. Eugenio Borao en el Anuario del Cuerpo Facultativo de 1882, originariamente constaba de 51 tomos y en 1855 el rector Borao logró recuperar nueve muy deteriorados, que volvieron a perderse antes de haber sido copiados. Faltan, pues desde esa época los años 1793-1795, 1797-1802, 1815, 1816 y 1820.

            El diario de Casamayor es fuente inagotable de información para la historia en unos años tan cruciales como los de la Revolución Francesa y los Sitios de Zaragoza. Hace algunos años se proporcionó una copia completa del Casamayor a la cátedra Feijoo de Estudios del siglo XVIII de la Universidad de Oviedo

 

Los incunables

     La sección de Incunables de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza cuenta con 406 piezas, de las que catorce están duplicados, tres triplicados y uno cuadruplicado, por lo que consta realmente de 383 títulos.

     El número de incunables de la Biblioteca quedó fijado en la revisión del catálogo de incunables de la Biblioteca realizada con motivo de la elaboración del Catálogo General de Incunables en Bibliotecas Españolas, incorporándose algunos ejemplares desconocidos localizados en colecciones facticias y eliminándose otros del siglo XVI.

El más antiguo es un magnífico ejemplar en vitela de la Summa Theologica impreso en Maguncia por Petrus Shoffer en 1467. Aunque falto de los primeros folios, el estado de conservación del resto es excelente. Lleva iniciales y calderones a mano en azul y rojo y encuadernación de piel en tabla con restos de broches y tejuelo con el título, antigua, pero no la original. En España guarda otro ejemplar el Archivo Capitular de Barcelona.

     En cuanto a la temática predominan las obras de teología y religión cuyo número casi representa el 50%, un 12% es de filosofía, les siguen la literatura, incluyendo la clásica, la gramática, la historia, el derecho, la medicina, la geografía, la botánica, matemáticas, astronomía, historia natural, uno de magia, etc.

     Están ampliamente representados con sus obras los Padres de la Iglesia, los clásicos griegos y latinos, los medievales y los renacentistas. Hay obras de Aristóteles, Esopo, Estrabón, Isócrates, Herodoto, Plutarco, Ptolomeo, Apuleyo, Aulo Persio, Avieno, Catulo, César, Cicerón, Flavio Josefo, Floro, Horacio, Justino, Lactancio, Trogo Pompeyo, Salustio, Séneca, San Bernardo, Boecio, San Buenaventura, San Isidoro, Duns Scoto, Santo Tomás, Jacobo de Vorágine. Dante, Petrarca, etc.

     El autor con mayor número de obras es Aristóteles y le siguen Boecio, Séneca, San Agustín, Cicerón.

     La procedencia es diversa, y, aunque en su gran mayoría pertenecieron a las "librerías" de jesuitas o a conventos suprimidos por la Desamortización, los hay de otros orígenes, como el ejemplar de las Partidas que procede de la biblioteca de Osuna, y alguno de donación de particulares. De muchos se desconoce la procedencia y su trayectoria hasta la Biblioteca Universitaria.

     Puede decirse que la colección cuenta con amplia representación de la tipografía incunable española y europea, con un claro predominio de la italiana y en primer lugar la veneciana (más del 19%), seguida en número por los impresos en Roma y Lyon, más de lejos por los de Basilea, Estrasburgo, Nüremberg, París, Toulouse, Bolonia, Florencia, Milán; y con tres ejemplares o menos Amberes, Ferrara, Génova, Lovaina, Padua, Pavía, Verona, Vicenza.

     En cuanto a la tipografía española ocupa el primer lugar Zaragoza con dieciséis obras, seguida por Sevilla con siete, Barcelona con seis, Salamanca y Valencia con cinco, Montserrat cuatro, Burgos y Toledo dos; y Lérida, Pamplona y Valladolid, uno.

     No hay que olvidar que la introducción de la imprenta en Zaragoza coincide con la creación del Estudio General y con una etapa de florecimiento cultural en la que el humanismo impulsado por el virrey y arzobispo Don Hernando de Aragón será reflejado por la excelente producción bibliográfica de las prensas de Hurus, Coci, Bernuz y otros.

     Como piezas merecedoras de una atención especial hay que citar en primer lugar los incunables desconocidos hasta hace muy, poco, cuya descripción, basada precisamente en el ejemplar de la Universidad de Zaragoza como único conocido hasta ahora, aparece por primera vez en el Catálogo General de Incunables en Bibliotecas Españolas.

Son éstos las dos ediciones de la Expositio hymnorum qui in ecclesia cantantur una cum texto, Henricus Mayer, 1488-90 y otra de Lyon, Engeihardus Schultis, c. 1490, encuadernados con las también rarísimas ediciones de Catón, Dato, Esopo y Pamphilus el primero; y de Catón, del Floretus y del Credo, el Pater noster y la Salve de Luis de Salazar, el segundo

Los Epigrammata de virtutibus et vitiis ex sententiis S. Augustini de S. Próspero de Aquitania. Mediolani, Antonius Zarotus, impens. Johannis de Legnano, 8 marzo, 1483.

     Dos obras de Juan López de Segovia: De haeresi et haeretícorum reconciliatione y Quaestio an sit licitum clericis contra Turcos bellare sine poena irregularitatis, ambas impresas en Roma por Eucharius Silber, 1481, y encuadernados en un volumen que contiene además varias Epistolae de Pío II, y De moribus del seudo Séneca. De la primera de las obras conserva otro ejemplar la Biblioteca de El Escorial.

Junto a ellos es también nuevo, aunque ya fuera descrito con anterioridad al Catálogo por M. Alonso, el ejemplar de las Summulae logicae lib I-XIII del Papa Juan XXI. Lyon, Gulielmo Regis, 1486-88.

     Un grupo particularmente interesante es el de los ejemplares únicos, descritos ya en los repertorios clásicos como los únicos conocidos hasta ahora. Tal es el caso de los dos ejemplares de la Elegantiolae sive Artis dicendi et scribendi c. 1490 y otro de la zaragozana de Juan Hurus, c. 1488-90.

     Además son los únicos ejemplares conocidos los de las ediciones zaragozanas de Juan Hurus de los Disticha moralia que es la primera edición en castellano de estas llamadas "obras menores" muy utilizadas para la lectura en las universidades; y delesopo incunable zaragoza de Daniel Siso, 1490, que lleva una lámina xilográfica representando el día de Pentecostés.

Y ejemplares únicos son también el Esopo impreso en Lérida por Henricus Botel, c. 1493, así como el Floretus de Toulouse 1489 y la Quaestioe de viribus demonstrationum, de Pedro de Campis, Barcelona, Jacobo Gumiel, c. 1498.

     Otro conjunto de interés y bastante nutrido es el de los ejemplares, ya conocidos y descritos en los repertorios, pero que son únicos en España o al menos reseñados en el Catalogo General de Incunables en las Bibliotecas Españolas como tales. Son sesenta y ocho que, junto con los doce más arriba citados hacen un total de ochenta ejemplares exclusivos de la Biblioteca Universitaria zaragozana.

Entre ellos se encuentran:

- las Quaestiones naturales de Adelardus Bathoniensis, Lovaina, 1484-1487, en el mismo volumen que el curioso Ars memoriae, de Baldovinus Sabaudiensis, con láminas xilográficas plegables; los Secreta secretorum, del seudo Aristóteles y otros tratados.

     - De vita christiana del seudo S. Agustín, Genevae, 1479-80, que está encuadernado en el mismo volumen que las obras de Próspero de Aquitania citadas antes.

     - el Salustio de Juan de Salzburgo y Pablo Hurus, 1474, que pasa por ser el primer impreso barcelonés.

     - los Sermones Estrasburgo, 1487 y 1488; en folio, letra gótica a dos columnas, en un ejemplar con iniciales manuscritas en rojo y azul, encuadernado en piel sobre tabla con ex libris del convento de Jesús de Zaragoza y sello de los franciscanos.

- las Meditationes Lyon, 1486 en folio, en un hermoso ejemplar en letra gótica con amplios márgenes, con ex libris de Petrus Cortés y Fray Joseph Hurtado.

     - De Officiis cum commento edición de Lyon por Johannes de Prato, hacia 1500, con una preciosa lámina xilográfica.

De obras científicas:

- el Regimen sanitatis Salernitanum de la tipografía salmantina de Nebrija, hacia 1500.

     - un Herbarius seu De virtutibus herbarum también de Arnaldo de Villanova, con ilustraciones de plantas, impreso en Venecia por Simón Bevilaqua en 1499.

- la Sphaera mundi impresa en Bolonia por Dominicus Fuscus en 1480, en un volumen múltiple que contiene ejemplares también únicos de Platinus Platus , Franciscus de Mayronis y otro de la Cosmografía de Mela que no lo es.

Otras piezas, ya no exclusivas; pero sí de interés son:

     - la Divina comedia en edición de Venecia, 1491, único ejemplar completo en España. Lleva coloreados y dorados los grabados xilográficos que ilustran el texto, aunque de factura bastante tosca.

- el Manipulus curatorum de Guido de Monte Rocherio, primer impreso zaragozano y primer incunable español con colofón, que indica la fecha de impresión, 15 de octubre de 1475, y el nombre del primer impresor Mateo Flandro.

- la Expositio Super toto Psalterio de Juan de Torquemada, impresa en Zaragoza por Pablo Hurus y Juan Planck, que presenta ciertas innovaciones tipográficas, como el empleo de signos de puntuación y la greca de la primera hoja, que va coloreada en alguno de los cuatro ejemplares que conserva la Biblioteca Universitaria.

     De las prensas zaragozanas, junto a los dos ya citados de Juan Hurus, hay que reseñar Pamphilus De Amore de Pablo Hurus y Juan Planck, circa 1480-84, del que guarda otro ejemplar la Biblioteca de Cataluña.

La Ethica ad Nichomacum de Aristóteles, publicada por Pablo Hurus en 1492, es la segunda edición de la versión española y lleva un precioso grabado xilográfico que representa al filósofo presentando su obra. Se conservan otros dos ejemplares, uno en la Biblioteca Nacional y otro en la Capitular de Sevilla.

- Las Constitutiones synodales Archieposcopatus Caesaraugustani de 1500, primera obra en la que figuran como tipógrafos los tres compañeros alemanes Jorge Coci, Leonardus Hutz y Lupus Appenteger, en letra gótica a dos tintas, con escudo tipográfico forman un volumen junto con las de 1517, también de Coci y las de 1525 y 1532 de impresor desconocido.

De los tres compañeros son también:

- la Crónica de Aragón de Gualberto Fabricio de Vagad, 1499.

- el Confessionale "Defecerunt" Suma de confesión del que se conserva otro ejemplar en la Biblioteca Nacional.

     En el campo jurídico los Fori regni Aragorum a Gundisalvo Garcia de Sancta María correcti, por Pablo Hurus en 1496.

Obras del siglo XVI

     De la primera parte del siglo XVI, hasta 1520, todavía con las características de la tipografía incunable, cuenta la colección con algunos ejemplares que como en el caso de los manuscritos y algunos incunables son los únicos conocidos.

Tal es la obra Alcaçar imperial de la Fama... del Gran Capitan por Alonso Gómez de Figueroa, impresa en Valencia por Diego Gumiel en 1514, con una bella lámina xilográfica representando a los reyes con su séquito en un jardín.

Otros ejemplares muy raros de la tipografía española son: las Orationes Ad plenum collectae impresas por Fadrique de Basilea en Burgos en 1508; la Aritmética y Geometría del obispo de Canterbury Thomas Bradwardin, impreso en Valencia por Juan Joffre en 1503; la Summa de Geograía de Martín Fernández de Enciso, Sevilla, Jacobo Cromberger, 1519, que contiene la primera descripción del continente americano, está en letra gótica y lleva sobre el título un grabado xilográfico de una esfera armilar, todo rodeado de orla renacentista.

Entre las ediciones extranjeras están una preciosa edición aldina bilingüe grecolatina de 1501 de las Obras de Prudencio un curioso Salterio políglota en latín, hebreo, griego, árabe y caldeo impreso en Génova en 1516, que en una nota marginal contiene una de las más tempranas referencias al Descubrimiento con una biografía bastante extensa de Cristóbal Colón.

     De la producción bibliográfica posterior a 1520 hay que destacar como ejemplares muy raros:

     - Los Triumphos de Apiano traducido por Juan de Molina e impreso en Valencia por J. Joffre en 1522 con lámina a dos tintas, orla renacentista en primera página y colofón con curiosa ilustración.

     - la segunda edición del Baculus Clericalis de Bartolomé Cucala, impresa en Zaragoza por Agustín Milián en 1551, que según Sánchez es el único ejemplar conocido.

     - el Vocabulario en lengua castellana y Mexicana del franciscano Fray Alonso Molina, impreso en Méjico en 1555 por Juan Pablos, primer tipógrafo establecido en América, que es realmente un incunable americano.

     - la Sevillana Medicina de Juan de Aviñón, Sevilla, 1545, en letra gótica, con portada a dos tintas, orlada y con escudo imperial.

     De las prensas europeas cuenta la Biblioteca con piezas de la importancia de:

     - la primera edición de los Humani corporis fabrica libri VII de Vesalio, Basilea, Ioannes Oporinus, 1555, con magníficas ilustraciones de Jan Calcar, discípulo de Tiziano.

     - la mejor edición bilingüe, en griego y latín de la obra de Dioscórides según Brunet y Graesse, Frankfurt, 1598, además en un ejemplar magnífico procedente de la biblioteca de Osuna, encuadernado en pergamino con hierros y superlibros dorados.

Los raros ejemplares de:

- la Cosmographia de Pedro Apiano, con ilustraciones, impresa en Amberes por Aegidius Copenius en 1539.

     - las Relectiones theologicae de Francisco de Vitoria, impresas en Lyon en 1586 por Petrus Landry.

     Un lugar destacado en la colección lo ocupa la producción tipográfica zaragozana que vivió en este siglo una etapa de esplendor. La actividad de Jorge Coci, iniciada ya en el siglo XV como continuador de Hurus y vinculada al importante movimiento humanístico aragonés y a la Universidad de Zaragoza con figuras como Gaspar Lax o Juan de Sobrarias, fue muy importante. De las obras salidas de las prensas de Coci, además de las reseñadas en la etapa incunable, conserva la Biblioteca Universitaria ejemplares de:

- Constitutiones synodales Archieposcopatus Caesaraugustani de 1517, junto con las de 1500.

- Genealogía Regum Aragonum, 1509; uno de los mas bellos impresos salidos de las prensas de Coci, en un ejemplar no citado por Sánchez.

- Vergilii Maronis Opera 1513.

- Formularium instrurnentorurn etprocessuum apostolicorum 1515.

- Tractatus contra hereticam provitatein 1515-1518.

- Sermones de Martín García obispo de Barcelona, 1520.

- Suma de los fueros y observancias del noble e ínclito reyno de Aragón, 1525

- Misal de Tarazona 1529, con notación musical.

- el único ejemplar conservado del rarísimo Officium de dulcissimo instabili ac Sacratissimo Jesu nomine cum octava e missa 1536.

- Declaración del decálogo de Pedro de la Vega 1541

- Secretos de Philosophia, Astrología y Medicina y de las cuatro matemáticas ciencias de Alfonso López de Corella, 1547.

En ellas pueden admirarse las ilustraciones, escudos tipográficos, orlas e iniciales xilográficas, impresión a dos tintas tintas, etc., característicos del gran tipógrafo.

Además, en la tipografía cesaraugustana del siglo XVI hay que citar, como únicos ejemplares conservados, la Summa de paciencia de Andrés Li, de 1505; el Liber disticorum de Verino en edición de 1508 del humanista alcañizense Juan de Sobrarlas; el Cato et Contemptus, también de 1608, con lámina xilográfica utilizada por Hurus en la edición incunable Vida del Ysopet, y el Floretus de alrededor de 1510, los tres en un mismo volumen como las ediciones incunables de las mismas obras; el Libro de oración y contemplación de Sor María de Santo Domingo, de alrededor de 1520; las Actas del Concilío Tridentíno, editadas por Agustín Millán en 1553; la Lámpara encendida de Fray Gerónimo Gracián de la Madre de Dios, por Simón de Portonaris en 1568; los rarísimos ejemplares del Misal de Montearagón de 1559, por Pedro Bernuz, sucesor de Coci, que procede del convento de San Agustín de Zaragoza; la rara Vida y chronica de Gonçalo Fernandez de Cordoba de Paulo Giovio, traducida por Pedro Blas Torrellas e impresa por Esteban de Nájera en 1553-54; y dos obras de indudable interés para la historia local y de las instituciones, como son: Sumario del origen y principio de los privilegios, estatutos y ordinaciones del colegio de los notarios de la ciudad de Zaragoza, 1548, por Pedro Bernuz y las Ordinaciones de la Casa y Confradía de Ganaderos por Lorenzo de Robles en 1590.

     Corno muestra de la literatura científica salida de las prensas zaragozanas en este siglo, además de la obra de López de Corella de Coci, están el Enchirídion Medicinae, y De morbo pustulato, ambas también de López de Corella, por Pedro Bernuz en 1549 y Miguel de Huesa, 1574, respectivamente; el Inventario o colectorio en cirugía de Guy de Chauliac, también por Pedro Bernuz 1555, con ilustraciones xilográficas que reproducen instrumentos quirúrgicos; la Información y curación de la peste de Çaragoça, de Juan Tomás Porcell, en 1565, con retrato del autor.

     Al margen del interés individual que ofrecen las piezas descritas, no se puede olvidar el interés temático de la colección. El simple recorrido por los títulos enunciados confirma lo que venimos diciendo en cuanto a la presencia de los autores y títulos más representativos. Junto a ellos el fondo de Aragón, tanto en obras de carácter histórico como en la serie de fueros y ordinaciones, tanto generales como locales que se publican con profusión.

Obras del siglo XVII

     La colección histórica de la Universidad de Zaragoza cuenta con las obras más representativas del siglo XVII. Los grandes atlas de Blaeu, Mercator y Ortelius, un número muy importante de ediciones plantinianas, entre las que hay que destacar la Biblia políglota de Amberes ; algunas ediciones de los Elzeviros, como la Geometría de Descartes publicada en 1659, que perteneció a la librería del Colegio de Jesuitas de Zaragoza, o De Medicina libri octo, de Aulo Cornelio Celso, edición de 1657, que según Graesse, aunque algo desfigurada por las correcciones, sirvió de base a todas las siguientes hasta 1766.

Como ejemplares raros el Arte breve y compendiosa de las dificultades que se ofrecen en la música práctica del canto llano compuesta por Andrés de Monserrate y publicada en Valencia por Pedro Patricio Mey en 1614.

     En la producción bibliográfica nacional están representados nuestros clásicos: la primera edición de la República Literaria de Saavedra Fajardo por María Fernández en Alcalá en 1670; las Obras espirituales de San Juan de la Cruz y la Doctrina christiana de Fray Luis de Granada en edición de Sebastián de Cormellas de 1619 y 1625 respectivamente, junto a otras de Quevedo, Lope, Góngora, etc. editadas muchas de ellas en Zaragoza.

En cuanto a bibliografía local, a lo largo del siglo XVII se sucede la se-rie de los Anales de Aragón cuya publicación iniciaba Zurita en 1562 y continuarán Bartolomé Leonardo de Argensola en 1630, Juan Francisco Andrés de Uztárroz, Francisco Diego de Sayas Rabanero, Diego Dormer, José Panzano Ibáñez de Aoiz. La Biblioteca Universitaria posee toda la serie y de algunos, como es el caso de Andrés de Uztárroz, el manuscrito, autógrafo según Latassa.

También de las prensas locales posee las rarísimas ediciones de Aula de Dios, Cartuxa real de Zaragoza de Miguel de Dicastillo la Instrucción sobre la peste de Michele Mercati, y la Cítara de Apolo y Parnaso de Aragón, editadas por Diego Dormer en 1637, 1648 y 1650; junto a otras como Agricultura de jardines de Gregorio de los Ríos, impresa por Carlo Lanayen y Juan de Larumbe en 1604 y el Certamen poético a las fiestas de la traslación de la reliquia de San Ramón Nonat, recopilado por Fray Pedro Martín y editado por Juan de Lanaja en 1618.

Obras del siglo XVIII

     El siglo XVIII coincide con el reconocimiento oficial de las bibliotecas universitarias y con el inicio de su funcionamiento y desarrollo. Es la fecha en que llegaron a la biblioteca las colecciones de los jesuitas e importantes legados privados, pero es además cuando la Biblioteca empieza a disponer de recursos que le permitían adquirir las publicaciones del momento.

     Como piezas, no ya únicas, como en siglos anteriores, pero sí importantes de la colección bibliográfica del siglo XVIII hay que reseñar el Salustio impreso en Madrid por el tipógrafo aragonés Joaquín Ibarra, según Graesse “el libro más perfecto que haya aparecido jamás", regalado a esta Biblioteca y a otras universitarias en 1775 por el infante D. Gabriel, su traductor. Y junto a él el Quijote, [T.I, T.II, T.III, T.IV] también de Ibarra, en la edición encargada por la Real Academia Española, obra maestra de la tipografía, también según Graesse.

     De este siglo son abundantes en la colección histórica universitaria las primeras ediciones de los clásicos de nuestra literatura, entre otras:

     - las de la Poética de Luzán , en edición dirigida por el propio autor en Zaragoza e impresa por Francisco Revilla en 1737, de la que también posee la edición de Sancha en 1789.

     - Los eruditos a la violeta y las Cartas marruecas de Cadalso en ediciones de Sancha de 1772 y 1793 respectivamente.

- del P. Isla la Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas (1) y (2) impresa en 1758 en Madrid por Gabriel Ramírez, que por problemas con la censura siguió imprimiéndose con las características de la primera edición.

     - del Marqués de Villena, Don Enrique de Aragón la curiosa obra El arte cisoria o arte de cortar del cuchillo, impresa en Madrid por Antonio Marín en 1766.

     En el ámbito local, la tipografía zaragozana, más que grandes obras de valor literario o científico, produce una gran cantidad de órdenes, bandos, edictos, informes, los pronósticos y otros escritos breves, sin duda de gran interés, que abundan en la Biblioteca. La decadencia de la imprenta local no impidió, sin embargo, que una de las obras mejor editadas del siglo saliese de las prensas zaragozanas de Francisco Magallón; es la Descripción de los canales Imperial de Aragón y Real de Tauste, del Conde de Sástago publicada en 1796 con una perfección extraordinaria, que fue donada a la Biblioteca por el autor en 1797.

Prosigue la colección de clásicos de la historiografía aragonesa con las obras de Panzano, Ramón de Huesca, Traggia; y junto a ellos las sucesivas compilaciones de Fueros y Ordinaciones. La Ilustración aragonesa cuenta también con una documentación abundante.

 

   Materiales especiales

     Como broche para cerrar la descripción de nuestra colección histórica, hemos elegido dos piezas excepcionales, aunque no son propiamente fondos bibliográficos, sino que pertenecen al grupo que bajo la denominación de "materiales especiales" ocupa un lugar muchas veces importante en las bibliotecas.

Se trata de los Caprichos de Goya y el Álbum anatómico de Cajal.

La colección de los Caprichos de Goya ingresó en la Biblioteca formando parte del legado testamentario de D. Gregorio García Arista y Ribera.

     Tuvimos ocasión de identificarla al preparar el catálogo para una exposición bibliográfica conmemorativa del ciento cincuenta aniversario de la muerte de Goya en 1978.

Se trata de un ejemplar de la primera edición, tirada bajo la supervisión directa del artista y anunciada en el Diario y en la Gaceta de Madrid de 6 y 19 de febrero de 1799; y dentro de ella, de uno de los primeros ejemplares salidos del tórculo, ya que en la lámina 45 no lleva una raya que se observa en la mayoría de los ejemplares entre la aleta nasal y el labio superior de la bruja, a causa de un arañazo en la plancha, ya en el curso de la primera edición.

     Pertenece además al reducido número de ejemplares de esa primera edición encuadernados para el propio Goya en pasta española, con título y nombre de autor en oro sobre tejuelo de tafilete rojo o verde (rojo en este caso). En la primera hoja de guarda lleva la fecha 1813 y en la última, en letra caligráfica de tosca factura, lleva el nombre Miguel Ximenez.

     Presenta la peculiaridad de llevar al pie de cada grabado, manuscritos, los comentarios anónimos que circularon sobre los Caprichos en cuadernillos independientes, y de los que se conocían tres versiones, la de Ayala, la del Museo del Prado y la de la Biblioteca Nacional fechada en 1873. La versión de Zaragoza coincide básicamente con la del Prado, aunque con variantes de interés para estudio de los textos.

     El Atlas anatómico de Cajal consta de veintisiete láminas a acuarela o creta sobre papel grueso de tono azul, de 135 x 870 mm., enteladas, encuadernadas en tabla recubierta de tela, con lomo y cantoneras de cuero y cierres metálicos. En la tapa: FACULTAD DE MEDICINA DE ZARAGOZA.

     Tres de las laminas van firmadas por Cajal y otras nueve tienen su estilo inconfundible. Santiago Ramón y Cajal las realizó durante su permanencia en la Facultad de Medicina zaragozana como director del museo anatómico.

     Para que la descripción de la colección histórica quedase completa deberíamos ocuparnos también de otros aspectos como los grabados, que forman una colección de cierto interés; las encuadernaciones, que sin llegar a constituir una colección extraordinariamente valiosa, sí cuentan con piezas muy estimables de época medieval, con bastantes ejemplares en piel sobre tabla con broches diversos, alguna de tipo mudéjar, varias de estilo renacentista con hierros fríos o dorados en forma de medallones y otras mas modernas con hierros en abanico, de estilo catedral, etc.

     Algunos aspectos tratados deberán ser abordados en mayor profundidad como el de la procedencia y trayectoria de los libros hasta la Biblioteca, o su biografía a través de los ex libris, anotaciones, notas de expurgos, etc. que con frecuencia nos muestran.

 

Conclusión

     Para concluir parece conveniente decir algo sobre la situación y perspectivas actuales de la colección.

     Por lo que llevarnos dicho puede haberse apreciado que la vida de la colección histórica de la Biblioteca Universitaria de Zaragoza no fue nada fácil. En la actualidad se encuentra reunida en unas instalaciones, que, si bien mejoran las anteriores, no son del todo idóneas, y que deberían ser adecuadas.

En la creencia de que nuestra colección histórica necesita un tratamiento especial, en nuestros planes de actuación desde la Dirección de la Biblioteca, y dentro de lo que los recursos nos permiten, se incluye la atención a la colección histórica en dos aspectos fundamentalmente: el de la preservación y conservación, y el de la difusión.

     Atendiendo al primero se viene poniendo en práctica un plan de restauración lento, pero ininterrumpido, de las piezas que corren más riesgo de deterioro, que ya está dando resultados apreciables.

Para atender al segundo organizamos con cierta frecuencia o para ocasiones muy concretas exposiciones de temática diversa, que muestran en publico piezas diversas de la colección y que además dejan como resultado los catálogos monográficos, de mayor o menor extensión, pero siempre utilísimos, de los que siempre las acompañamos. Estas exposiciones han sido hasta ahora El tesoro documental y bibliográfico en 1983, La Inquisición en 1985, Aragon y el Conde de Aranda (bibliografía aragonesa del siglo XVIII) en 1986, Fondos americanistas en 1992, Centenario del Paraninfo en 1993.

     Tanto para la preservación como para la difusión y accesibilidad, la Biblioteca General cuenta con los sistemas de reproducción adecuados.

     El capítulo de nuevas adquisiciones, con los recursos actuales puede considerarse prácticamente cerrado; y hasta cierto punto es explicable dadas las prioridades de la Universidad en bibliografía científica actual. Sin embargo, cabría preguntarse si estas colecciones que cumplen una función insustituible no sólo en la Universidad, sino en un ámbito nacional, autonómico y local, no deberían disponer de los recursos que permitiesen un nivel de mantenimiento más elevado que el actual.

     Por otra parte, dentro de estas funciones a nivel nacional, autonómico o local, parece oportuno enumerar algunas que viene desarrollando la colección histórica de nuestra biblioteca:

     - en primer lugar la participación en el Catálogo del Patrimonio bibliográfico de todo el país, mediante una colaboración de carácter personal, por la que hemos incorporado todo el fondo bibliográfico del siglo XVII y parte del XVI a la base de datos del Centro del Patrimonio bibliográfico del Ministerio de Cultura.

     por otro lado, el constante apoyo y presencia de la colección histórica universitaria en actividades culturales de otras instituciones: Ayuntamientas, Diputaciones General y Provinciales, Arzobispado, instituciones culturales, etc., proporcionando material original para las numerosas exposiciones, ediciones facsímiles, ilustraciones, etc.

     - la participación activa en el proyecto BAMBA, Bibliografía Aragonesa Mecanizada en Bibliotecas de Aragón, junto con otras diez bibliotecas de la Comunidad Autónoma, aportando alrededor de un 30% de los registros.

     A través de estas actividades creemos que se mantiene viva la colección en un momento en que a nivel internacional la preocupación por la preservación, control y accesibilidad de estos fondos se plasma en proyectos como el Consortium, o el de Incunables en CD Rom.

 

Mª Remedios Moralejo Álvarez: "La Colección histórica de la  Biblioteca Universitaria de Zaragoza", en El Libro Antiguo en las  Bibliotecas Españolas. Edición a cargo de Ramón Rodríguez Álvarez y  Moisés Llordén Miñambres. Oviedo: Universidad. 1998, pp. 281-322. (En esta versión digital se han suprimido las notas a pie de página, que figuran en el original)

Última modificación: 

24/02/2015 - 11:16